Estados Unidos declara emergencia contra el terrorismo de extrema izquierda y anarquista
En un giro sin precedentes en su política de seguridad nacional, el presidente Donald Trump firmó la orden ejecutiva Número Siete, diseñada específicamente para enfrentar el ascenso de la violencia política de extrema izquierda y la amenaza anarquista que, según su administración, ha sido subestimada en el discurso público y en las estrategias antiterroristas convencionales.
Esta medida llega tras un incremento preocupante de ataques y atentados que han puesto en jaque la seguridad interna, incluyendo los recientes intentos de asesinato contra el propio Trump y el asesinato del líder conservador Charlie Kirk. Contrario a la tradición estadounidense, que había focalizado su lucha antiterrorista en redes como Hezbollah y Hamas, la nueva disposición amplía ese enfoque para involucrar a grupos radicales internos de izquierda, un fenómeno que hasta ahora permanecía en gran parte ignorado por las agencias oficiales.
En la reciente cumbre contra el resurgimiento del terrorismo político celebrada en Washington, destacados funcionarios como el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, hicieron énfasis en esta amenaza. Rubio calificó como un “punto ciego” la persistente negligencia hacia la violencia extremista de izquierda, que ha sido minimizada o vista como una exageración por sectores académicos y mediáticos. No es, aclaró, un problema nuevo. “Desde los años recientes, los movimientos guerrilleros marxistas y anarquistas —los Tupamaros, Montoneros, las FARC, además de grupos radicales en Perú y otros países— han sido la principal fuente de terror violento en Occidente”, subrayó Rubio, recordando episodios de violencia extrema que aún resuenan en la memoria colectiva.
La cumbre internacional, que reunió a 61 países, contó también con la presencia del canciller argentino Pablo Quirno, quien destacó la alianza estratégica emergente entre su país y Estados Unidos para hacer frente a esta amenaza transnacional. “Nos enfrentamos a un enemigo sin fronteras, que se mueve con rapidez en busca de espacios vulnerables”, afirmó Quirno, al tiempo que enfatizó la necesidad de una estrecha cooperación en inteligencia y acciones concretas para contener esta forma de terrorismo.
Como parte de la orden ejecutiva, cuatro organizaciones europeas vinculadas al anarquismo y la extrema izquierda fueron designadas formalmente como Organizaciones Terroristas Extranjeras (FTO) y Sujetos Desigandos Especialmente como Terroristas Globales (SDGT). Las agrupaciones Antifa Ost, Federación Anarquista Informal, Justicia Proletaria Armada y Autodefensa de Clase Revolucionaria pasarán a estar bajo estrictos protocolos internacionales que incluyen el bloqueo de activos y la prohibición de cualquier tipo de apoyo material o movimientos migratorios relacionados.
Este movimiento ha contado con el apoyo clave de figuras como Scott Bessent, secretario del Tesoro, y Stephen Miller, asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, quienes junto a Rubio y el subsecretario Chris Landau ofrecieron en la cumbre el compromiso estadounidense de aportar recursos logísticos e inteligencia para salvar la estabilidad democrática de sus aliados frente a estas amenazas.
Washington busca así redefinir el mapa del terrorismo contemporáneo y obligar a una cooperación global frente a un peligro político que, hasta ahora, se había mantenido al margen de las políticas públicas tradicionales. El objetivo es claro: anticiparse a una escalada violenta que, de no controlarse a tiempo, podría comprometer la seguridad interna y la estabilidad internacional en un contexto mundial cada vez más convulso.
