Marco Rubio endurece el discurso contra Cuba y vincula el cambio a la salida de GAESA y el régimen actual
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Marco Rubio endurece el discurso contra Cuba y vincula el cambio a la salida de GAESA y el régimen actual

En una sesión en el Capitolio que reflejó la creciente tensión en la política de Estados Unidos hacia Cuba, el secretario de Estado Marco Rubio protagonizó un intenso intercambio con el senador demócrata Chris Van Hollen sobre la permanencia de la isla en la lista de países patrocinadores del terrorismo. La discusión evidenció las profundas divisiones internas y las prioridades de la administración Trump en materia de política exterior, con un claro énfasis en una línea dura contra el régimen cubano y su entramado económico-militar.

Rubio defendió con vehemencia la inclusión continuada de Cuba en esa lista, alegando que no se requieren nuevas evidencias para mantener la designación, dado el apoyo histórico de La Habana a grupos armados de izquierda en América Latina como las FARC y el ELN. Rechazó el argumento de Van Hollen, que recordó la revisión previa de la administración Biden en la que no se hallaron pruebas suficientes para justificar la etiqueta de patrocinador del terrorismo.

El secretario de Estado fue más allá al señalar que el verdadero poder en Cuba reside en GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A.), una empresa militar que controla entre un 40% y el 70% de la economía formal del país. Rubio afirmó que esta estructura domina sectores estratégicos y concentra ingresos que no benefician a la población ni se destinan al tesoro público. Según su visión, mientras GAESA y el régimen de Miguel Díaz-Canel mantengan el control, cualquier posibilidad de reforma política y económica en la isla es inviable.

Esta postura representa la más explícita hasta ahora de la administración Trump sobre las condiciones para flexibilizar o modificar la llamada política de “presión máxima” hacia Cuba. En su reciente comparecencia ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Rubio reiteró que Washington no reconocerá un cambio real hasta que se produzca un relevo tanto en las autoridades civiles como en GAESA. Incluso apuntó que Estados Unidos ha sostenido conversaciones diplomáticas y de inteligencia con funcionarios cubanos, comunicándoles las condiciones para la recuperación económica del país, aunque no detalló los términos.

La reunión llega en un contexto de sanciones cada vez más contundentes contra sectores clave de la economía cubana, incluyendo turismo, finanzas, energía y minería. La administración Trump ha ampliado las restricciones mediante órdenes ejecutivas, como la 14404 del pasado mayo, que endurece las medidas contra entidades vinculadas a las fuerzas armadas cubanas, particularmente GAESA.

El régimen cubano, por su parte, defendió a GAESA ante estas acusaciones, argumentando que la empresa fue creada durante el Periodo Especial para captar divisas extranjeras y financiar programas sociales y productivos, como viviendas, centros médicos e infraestructura energética. Negó que funcione como una estructura opaca o paralela al sistema estatal, y calificó las sanciones como una escalada desproporcionada y peligrosa.

Además, rubio vinculó la crisis energética y económica actual, exacerbada por el bloqueo petrolero impuesto desde enero de 2026, con la salida de proveedores como México y Venezuela, aunque negó que el embargo estadounidense sea la causa original de los problemas internos de Cuba, que ya arrastraba déficits de generación eléctrica y desabastecimientos previos. Organismos independientes señalan que la economía cubana ha caído más del 15% desde 2020, con proyecciones negativas para 2026, mientras la población sufre apagones prolongados.

El discurso de Rubio también apuntó hacia una supuesta presencia en Cuba de centros de inteligencia de China y Rusia, acusaciones que La Habana ha rechazado categóricamente, al tiempo que denuncia una potencial agresión militar de Estados Unidos. A pesar de señales de apertura superficiales, como declaraciones de Díaz-Canel en febrero de estar “listos para dialogar”, la brecha entre ambas posiciones permanece amplia y sin avances concretos.

En suma, la administración Trump, a través de la voz de Marco Rubio, mantiene una estrategia de presión máxima que condiciona cualquier cambio significativo en la isla a una transformación profunda del liderazgo y del control económico militar representado por GAESA, mientras La Habana defiende su modelo y califica las sanciones estadounidenses de agresivas y extralimitadas.

Esta dinámica sugiere que la política hacia Cuba continuará siendo un punto conflictivo en la agenda internacional y en las relaciones bilaterales, con pocas señales de un acercamiento inminente.