GAESA, el gigante militar cubano bajo la lupa
La economía cubana está atravesando una de sus etapas más críticas en décadas, marcada por una profunda militarización y un colapso social en aumento. En el epicentro de esta crisis se encuentra GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A.), un conglomerado empresarial controlado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, que ha desplazado al sector civil para consolidar un poder sin contrapesos dentro del Estado.
En un análisis detallado, Emilio Morales, presidente de Havana Consulting Group, subraya cómo GAESA dejó de ser una simple compañía turística en 2006 para dominar sectores claves como el comercio minorista en dólares, el turismo, las telecomunicaciones, el sector inmobiliario y las finanzas internacionales. La “orden” para su expansión brutal – sin transacciones comerciales formales ni transparencia alguna – fue dada por Raúl Castro a su ex yerno, Luis Alberto López-Calleja. Esta consolidación incluyó la toma de CIMEX, ETECSA y el Banco Financiero Internacional (BFI), que concentra la abrumadora mayoría de las operaciones financieras con el extranjero.
Este dominio derivó en un Estado profundamente opaco, autodenominado como “mafioso” por Morales, donde los recursos públicos son desviados hacia circuitos paralelos controlados por el conglomerado militar, mientras los sectores vitales como energía, salud e infraestructura se desangran. En quince años, la exportación de servicios médicos generó más de 108,000 millones de dólares, de los cuales solo el 1.6% retornó al sector salud, priorizándose enormes inversiones en hoteles y otros negocios administrados por GAESA. El resultado es palpable: apagones que superan las 20 horas diarias, colapso de la matriz energética y hospitales abandonados.

Sumado a este escenario interno, Estados Unidos ha intensificado su presión con una nueva ronda de sanciones dirigidas específicamente a GAESA y sus filiales, como Moa Nickel, una alianza con la empresa canadiense Sherritt International que esta última decidió abandonar. Los anuncios recientes amplían la capacidad del gobierno estadounidense para congelar activos y prohibir viajes vinculados a esta estructura, apuntando no sólo a Cuba sino a terceros países y compañías que mantengan negocios con el conglomerado. Según el economista Pavel Vidal, estas medidas representan una “total aislamiento” y un fuerte golpe a una economía ya paralizada y dependiente incluso del combustible venezolano, cuyos excedentes fueron negociados por GAESA fuera del control estatal.
Las sanciones reflejan, además, la preocupación por la influencia familiar en la organización: desde la gestión de López-Calleja – ex yerno de Raúl Castro hasta su fallecimiento en 2022 – hasta la trayectoria de su hijo, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, que ha emergido como interlocutor clave en las negociaciones con Washington. Hoy, la presidencia ejecutiva de GAESA está en manos de Ania Guillermina Lastres, quien supervisa los vastos intereses internacionales del conglomerado.
En medio de esta dinámica, el malestar social en la isla crece y el llamado a una intervención internacional para frenar la crisis toma fuerza. Morales, quien vaticina un declive acelerado del régimen en un horizonte cercano de 60 a 90 días, destaca la pérdida de credibilidad de las autoridades y la posibilidad inminente de cambios políticos profundos. La resistencia interna se vislumbra con señales como la advertencia del general Rafael del Pino para que los militares no repriman manifestaciones.

Por su parte, la dictadura cubana denuncia que las sanciones representan un castigo colectivo que ahoga a la población y condena el empeoramiento de las condiciones de vida, sustentando que las decisiones de Washington priorizan la presión política sobre el bienestar social.
En resumen, GAESA no solo simboliza la concentración de poder militar y económico en Cuba, sino también el centro neurálgico de una crisis multidimensional que combina corrupción, control absoluto de recursos estratégicos, y un contexto internacional cada vez más hostil. La incertidumbre sobre el futuro político y económico cubano se agudiza, mientras la población enfrenta apagones extensos, escasez persistente y un gradual colapso institucional. Cuba está hoy, en la encrucijada entre la persistencia del régimen que busca mantenerse en el poder a cualquier precio y la posibilidad de una implosión inminente como el El 11 de julio de 2021 (“11J”).
