Díaz-Canel y Raúl Castro desafían a Estados Unidos con firmeza en medio de crecientes tensiones
La dictadura comunista cubana ha disparado un nuevo reto directo a Washington en un acto político que combinó la celebración con un mensaje de advertencia firme. En el Teatro Karl Marx de La Habana, la reciente y notoria aparición pública de Raúl Castro, a sus 95 años, fungió como telón de fondo para que el presidente designado Miguel Díaz-Canel emitiera un discurso cargado de desafío ante el aumento de la presión estadounidense.
Es la primera vez que Raúl Castro se muestra en público desde que el gobierno de Estados Unidos lo imputara formalmente por el derribo en 1996 de las avionetas civiles de Hermanos al Rescate, hecho que costó la vida a cuatro personas. Acusado de conspiración para asesinar estadounidenses y destrucción de aeronaves, Castro reapareció en un acto conjunto que conmemoraba también los 65 años del Ministerio del Interior (Minint), institución clave para la supervivencia del régimen cubano. El acto contó con la presencia de altos mandos militares, dirigentes del Partido Comunista y figuras del deporte y la cultura oficial.
En medio de una atmósfera enrarecida por las recientes sanciones emitidas por el Departamento del Tesoro contra actores claves del régimen —como el propio Díaz-Canel y su familia—, el mandatario cubano defendió a capa y espada a Raúl Castro. “Ni campañas enemigas ni falsas acusaciones demeritan su larga hoja de servicio a la patria”, afirmó Díaz-Canel, y destacó a Castro como un “escudo moral” del sistema político isla. “Raúl es Cuba y a Cuba no se toca”, sentenció, pronunciando la consigna con la que el régimen intenta blindar al exmandatario frente al escrutinio externo.
Pero el episodio fue mucho más que una escenificación propagandística. Díaz-Canel advirtió, sin ambages, que Cuba está lista para responder en caso de una agresión militar directa. “Si la patria es atacada, responderemos en legítima defensa. Y si intentan entrar, habrá combate decidido y firme”, dijo, desafiando explícitamente a la administración estadounidense a retroceder de cualquier posible operación bélica. Acusó a Washington de usar supuestas campañas de inteligencia y mercenarios como pretexto para construir una justificación de ataque, al tiempo que insistió en que Cuba “no provoca, no agrede ni desafía”, apostando por un diálogo que, hasta ahora, no se vislumbra en el horizonte real.
Este discurso responde al endurecimiento sin precedentes de las medidas estadounidenses, que en días recientes han cortado vínculos empresariales con GAESA, el conglomerado militar que domina la economía cubana, y sancionado a funcionarios y familiares ligados a la cúpula. Precisamente, Díaz-Canel se pronunció en defensa del consorcio militar, responsabilizando a la presión externa por la salida de compañías extranjeras y calificando la estrategia estadounidense como una “política de máxima presión” destinada a afectar la economía y la estabilidad social en la isla.
El mensaje resulta claro: la dictadura cubana, liderada por una figura envejecida que nunca pierde su vigencia como símbolo sagrado según la narrativa oficial, no solo desafía la política estadounidense, sino que se declara dispuesta a cualquier enfrentamiento para proteger su continuidad. Las palabras del presidente designado reflejan el endurecimiento del régimen para mantener intacto su control y enviar una señal inequívoca a su más antiguo adversario.
En un momento donde las tensiones bilaterales recrudecen y el camino hacia un acercamiento diplomático parece lejano, la aparición de Raúl Castro y el mensaje de Díaz-Canel apuntalan el endurecimiento de la respuesta cubana, dando forma a un escenario geopolítico marcado por la confrontación directa, mientras la dictadura insiste en resistir y desafiar desde el corazón de la isla.
