EE.UU. se prepara para una posible ofensiva contra Irán tras nuevas conversaciones diplomáticas estancadas
Desde Washington, un clima de alta tensión se respira en la Casa Blanca. El presidente Donald Trump ha convocado a una reunión clave con su gabinete de crisis para mañana, con el objetivo de definir las operaciones militares que podrían lanzarse contra Irán. Este movimiento llega luego de que las vías diplomáticas mediadas por Pakistán y Qatar no lograran avances significativos en la negociación con Teherán.
En el gabinete estarán presentes figuras centrales como el vicepresidente JD Vance, el secretario de Estado Marco Rubio, el secretario de Guerra Pete Hegseth, el enviado especial para Medio Oriente Steve Witkoff y el director de la CIA John Ratcliffe. La expectativa gira en torno a una decisión que podría alterar la frágil tregua vigente con el régimen chiíta.
Para amplificar el respaldo regional a una posible ofensiva, Trump ha mantenido contactos telefónicos con líderes clave de Medio Oriente. Entre ellos, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quien manifestó su apoyo incondicional a un eventual ataque. Israel ya puso a sus Fuerzas de Defensa en alerta tras esta conversación. A su vez, los aliados del Golfo —Arabia Saudita, Bahréin y Emiratos Árabes Unidos— evalúan con cautela sus próximos pasos en este escenario potencialmente explosivo.
Mientras tanto, las negociaciones diplomáticas mediadas por Pakistán y Qatar continúan, aunque sin resultados tangibles. El ministro del Interior paquistaní, Mohsin Naqvi, y el primer ministro qatarí, Mohammed bin Abdulrahman Al Thani, sostuvieron reuniones con sus homólogos iraníes, sin poder cerrar acuerdos capaces de satisfacer las demandas estadounidenses. Washington insiste en la reapertura del Estrecho de Ormuz para la libre navegación y la suspensión del programa nuclear iraní, mientras Teherán defiende su derecho a avanzar hacia la fabricación de armas atómicas y el control de esta ruta estratégica mediante su Guardia Revolucionaria.
La tensión se refleja también en la dura retórica de ambos bandos. Desde Teherán, el vocero militar Abolfazl Shekarchi advirtió que cualquier agresión estadounidense desencadenaría respuestas “sin precedentes, ofensivas y turbulentas”. Por su parte, Trump expresó en su red social Truth Social que el “tiempo corre” para Irán y remarcó que cualquier demora podría significar “la destrucción” de sus intereses.
Entre las opciones militares sobre la mesa se encuentran ataques a instalaciones militares y redes eléctricas, incursiones aéreas contra la isla de Kharg, ataques con drones y misiles para neutralizar la defensa en el Estrecho de Ormuz, e incluso operaciones terrestres para incautar uranio enriquecido. Todas estas alternativas implican desafiar un sistema de defensa iraní que, pese a los constantes ataques previos, sigue contando con cientos de misiles balísticos y drones en su arsenal.
En círculos oficiales en Washington se destaca que Trump parece inclinarse por una estrategia que combine golpes a la infraestructura crítica iraní con ataques que limiten la capacidad de control en Ormuz, en caso de que decida romper la tregua y proceder con la ofensiva. La comunidad internacional observa con atención, mientras las tensiones en Medio Oriente se mantienen al filo de un posible conflicto abierto.
