Estados Unidos denuncia intento de desestabilización en Bolivia y llama a solidaridad regional
En medio de una aguda crisis política y social que sacude Bolivia desde hace varios días, Estados Unidos alertó sobre un supuesto golpe de Estado que se estaría fraguando en el país andino. Este señalamiento, formulado por el vicesecretario de Estado, Christopher Landau, atribuye la violencia y las protestas a una “alianza perversa” entre actores políticos y el crimen organizado con el objetivo de debilitar las instituciones democráticas del país.
Landau advirtió que detrás de las manifestaciones violentas y bloqueos que saturan la capital, La Paz, hay intenciones claras de derrocar al presidente Rodrigo Paz, quien llegó al poder hace menos de un año tras unas elecciones democráticas. “No es simplemente un conflicto político; es un golpe financiado por intereses oscuros que buscan desmantelar la legitimidad de un gobierno electo”, enfatizó el funcionario estadounidense durante un evento en Washington.
El representante estadounidense expresó su preocupación tras dialogar con Paz por teléfono y señaló que la crisis supera las divisiones ideológicas tradicionales. Para Landau, la disputa actual enfrenta a quienes defienden la institucionalidad frente a quienes forman parte de estructuras criminales y radicalizadas que pretenden imponer su dominio.
Las protestas comenzaron en rechazo a un paquete económico anunciado por el gobierno, con propuestas para reactivar la economía a través de reformas en sectores estratégicos como hidrocarburos, minería y energías renovables. Sin embargo, las movilizaciones han derivado en episodios de violencia, saqueos, ataques a edificios públicos y bloqueos de rutas que alteran el abastecimiento de combustibles, alimentos y medicamentos.

Estados Unidos hizo un llamado abierto a la comunidad internacional, especialmente a gobiernos latinoamericanos, para que respalden al gobierno boliviano. Landau destacó el apoyo puntual de Argentina y exhortó a otras naciones como Brasil y Colombia a asumir una posición más firme y explícita en defensa del orden democrático. Criticó además el silencio de algunos países que, según él, no han reaccionado ante lo que calificó de intento de subversión.
En este contexto, el expresidente Evo Morales se ha pronunciado a favor de las manifestaciones, describiéndolas como “una sublevación popular” contra las políticas económicas que tilda de neoliberales y que atribuye a un estado “neocolonial”. El gobierno de Paz ha acusado directamente a Morales y a su partido Movimiento al Socialismo (MAS) de promover la violencia y los bloqueos para socavar la estabilidad del país.
La crisis boliviana, por lo tanto, refleja no solo una disputa interna por el rumbo político y económico, sino también una confrontación en la que se entrelazan factores criminales, intereses regionales y profundas diferencias ideológicas. La atención internacional se centra ahora en cómo se desarrollarán los acontecimientos y en la respuesta conjunta de los países vecinos para evitar un posible colapso institucional en Bolivia.
